lunes

Feliz 2013


Cada 31 de Diciembre, cuando el año está llegando a su fin, toca hacer el balance del año. Reflexionar acerca de lo acontecido y decidir si ha sido bueno o malo, o, al menos, mejorable. Toca pensar si lo vivido y lo sufrido ha merecido la pena, si los momentos alegres han compensado los desagradables; y, como nuestro cerebro tiende a suavizar y a guardar todos los desagradables en ese cajón que jamás se abre (que acaba siendo fruto de todas nuestras desgracias y traumas), concluimos que sí, que no sólo el balance es positivo, sino que, desde luego, mejora las expectativas  y que, sin lugar a dudas, esperas que el año siguiente sea igual, o mejor, aunque, si únicamente es la mitad de bueno que el vivido, ya te darías por satisfecho. ¡Para que luego digan que la gente es negativa! Y así se acaba el año, con la cabeza llena de pensamientos positivos, con la alegría de una persona realizada y con los brazos abiertos al nuevo año...
Este año, en cambio, voy a probar algo diferente.
Esta vez, en lugar de escudriñar el año en busca de hechos memorables, voy a hacer una autoevaluación. ¿Me he comportado realmente bien? ¿He actuado como quería haber actuado, o me he dejado llevar por las circunstancias? ¿He invertido mi tiempo de una manera correcta? Y, en general, ¿estoy satisfecha con mi manera de vivir este año? Y creo que, aunque la respuesta no sea un si rotundo en todos los casos, por primera vez, se lo que tengo que hacer para cambiarlo. Puedo decir que este año, si bien no podría afirmar que ha sido el mejor de todos los vividos, ha sido un gran año; y no únicamente por los acontecimientos, sino por lo que ha significado para mi. Siempre se dice que no cambias de manera uniforme a lo largo del tiempo, sino que hay determinados hechos que, por breves que sean, te hacen cambiar. Y esos momentos, son los que no me han faltado.
Así que creo que esta vez, cuando haga ese balance, cinco minutos antes de engullir (literalmente) las 12 uvas, voy a sonreír recordando lo que he aprendido y, por primera vez en mi vida, sabiendo exactamente lo que debo hacer. Porque, esta vez, al acabar el año, voy a entrar en el siguiente con la seguridad de que voy a cumplir todos y cada uno de mis propósitos para el año 2013.
¿Que cómo estoy tan segura? Porque este año he sido más lista que mi cerebro y mi fuerza de voluntad, y he empezado a cumplirlos ya. Para que así, cuando lleguen esos cuartos, esas 12 campanadas, esas 12 uvas metidas a presión, y ese momento de levantarse (siempre apoyando con el pie derecho, para entrar bien en el siguiente año) para brindar con la copa de champan, pueda decir, con una sonrisa: Feliz año nuevo.
Porque se, que este, va a ser un año nuevo.

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