miércoles

Siglo XXI


Me gusta la palabra imposible porque es una contradicción en sí misma. Me gusta imaginarme cosas imposibles. Espera, ¿siguen siendo  imposibles si puedo imaginarlas? Si, por supuesto. Por supuesto. Es divertido pensar que cuantas más cosas sabemos… más ignoramos. Y cuanto más sabios nos creemos, más demostramos nuestra ignorancia. Por eso es divertido pensar cosas imposibles, porque justo cuando las piensas, llegas a pensar que dejan de serlo. Y es entonces cuando te planteas… ¿existe algo imposible? Y en el hipotético (y remarco la palabra) caso de que algo imposible no existiera… ¿dirías que es imposible que algo imposible exista? ¿dirías que la palabra imposible en realidad no existe? ¿te atreverías, entonces, a afirmar que la palabra posible no tiene un antónimo? ¿es posible que haya una palabra que no tenga un antónimo? o… ¿afirmarías que dicho caso es imposible?

En un mundo de contradicciones e imposibilidades, no puedes dejar de sonreír cada vez que te topas con algunas de ellas. Especialmente hoy en día. Hoy en día. Cuando ya está todo inventado y queda tanto por descubrir. Cuando toda la información es gratuita y, aún así, pagas un módico precio al mes por acceder gratuitamente a dicha información gratuita. Es bonito cómo el mundo, en sus limitaciones, es tan infinito. Es bonito cómo el mundo, con su total  libertad para todo, tiene tantos límites.
Pero no me pares ahora que solo estoy empezando. Hablamos más cuando no queremos decir nada. Escribimos cuando nos faltan las palabras. Lloramos cuando somos felices. Y reímos cuando queremos llorar. Bebemos cuando hay hambre (nótese que no todo el hambre es de comida) y cuando hay comida… el hambre se nos va. Cuanto más calor hay dentro de ti… más necesitas. Y cuando tu cuerpo te pide calor… es cuando decides que enfriarte es la mejor opción. Y es que somos seres racionales que no escuchan a su razón. Somos seres sentimentales que se han desprendido de sus sentimientos. Seres empáticos en un mundo donde no hay hueco para la empatía. Estamos formados por sistemas en equilibrio que luchan por los extremos. Pero no me lleves al extremo, porque lo que necesito es vivir en el punto medio. No me pongas en el centro, que no quiero tanta atención. Pero no dejes de hacerme caso que quiero ser escuchado, aunque no tenga nada que decir.
En este mundo… en este mundo de contradicciones… Hablan los que deberían callar y callan los que deberían compartir su sabiduría.

Y es que, a medida que aumentan las conexiones, aumentan las desconexiones. Cuanto más compartes, menos enseñas. Cuanto más muestras, más escondes. Cuantos más amigos tienes, menos personas con quien hablar. Y cuanto menos tiempo tienes… más lo gastas.


Siglo XXI. Época de imposibilidades y contradicciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Seguidores

Datos personales

This is where the road crashed into the ocean