Me gusta la palabra imposible porque es una contradicción en
sí misma. Me gusta imaginarme cosas imposibles. Espera, ¿siguen siendo imposibles si puedo imaginarlas? Si, por
supuesto. Por supuesto. Es divertido pensar que cuantas más cosas sabemos… más
ignoramos. Y cuanto más sabios nos creemos, más demostramos nuestra ignorancia.
Por eso es divertido pensar cosas imposibles, porque justo cuando las piensas,
llegas a pensar que dejan de serlo. Y es entonces cuando te planteas… ¿existe
algo imposible? Y en el hipotético (y remarco la palabra) caso de que algo
imposible no existiera… ¿dirías que es imposible que algo imposible exista?
¿dirías que la palabra imposible en realidad no existe? ¿te atreverías,
entonces, a afirmar que la palabra posible no tiene un antónimo? ¿es posible
que haya una palabra que no tenga un antónimo? o… ¿afirmarías que dicho caso es
imposible?
En un mundo de contradicciones e imposibilidades, no puedes
dejar de sonreír cada vez que te topas con algunas de ellas. Especialmente hoy
en día. Hoy en día. Cuando ya está todo inventado y queda tanto por descubrir.
Cuando toda la información es gratuita y, aún así, pagas un módico precio al
mes por acceder gratuitamente a dicha información gratuita. Es bonito cómo el
mundo, en sus limitaciones, es tan infinito. Es bonito cómo el mundo, con su
total libertad para todo, tiene tantos
límites.
Pero no me pares ahora que solo estoy empezando. Hablamos
más cuando no queremos decir nada. Escribimos cuando nos faltan las palabras.
Lloramos cuando somos felices. Y reímos cuando queremos llorar. Bebemos cuando
hay hambre (nótese que no todo el hambre es de comida) y cuando hay comida… el
hambre se nos va. Cuanto más calor hay dentro de ti… más necesitas. Y cuando tu
cuerpo te pide calor… es cuando decides que enfriarte es la mejor opción. Y es
que somos seres racionales que no escuchan a su razón. Somos seres
sentimentales que se han desprendido de sus sentimientos. Seres empáticos en un
mundo donde no hay hueco para la empatía. Estamos formados por sistemas en
equilibrio que luchan por los extremos. Pero no me lleves al extremo, porque lo
que necesito es vivir en el punto medio. No me pongas en el centro, que no
quiero tanta atención. Pero no dejes de hacerme caso que quiero ser escuchado,
aunque no tenga nada que decir.
En este mundo… en este mundo de contradicciones… Hablan los
que deberían callar y callan los que deberían compartir su sabiduría.
Y es que, a medida que aumentan las conexiones, aumentan las
desconexiones. Cuanto más compartes, menos enseñas. Cuanto más muestras, más
escondes. Cuantos más amigos tienes, menos personas con quien hablar. Y cuanto
menos tiempo tienes… más lo gastas.
Siglo XXI. Época de imposibilidades y contradicciones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario