"La vida es así; uno rara vez se da cuenta al instante de que los momentos dificiles tienen una función oculta: conducirnos a la madurez. Los ángeles se disfrazan de brujas y nos entregan maravillosos regalos cuidadosamente envueltos en innobles embalajes.
Ya se trate de un fracaso, de una enfermedad, o de las vicisitudes de lo cotidiano, uno no siempre tiene ganas de aceptar el << regalo >>
, ni los reflejos de desenvolverlo para descubrir el mensaje oculto que contiene. ¿debemos aprender a tener voluntad, valor? ¿O, por el contrario, a soltar cuerda con lo que al final no tiene sino poca importancia? ¿La vida me pide escuchar un poco más mis deseos y mis aspiraciones profundas? ¿Tomar la decisión de demostrar las habilidades que me ha adjudicado? ¿Dejar de aceptar lo que no se corresponde con mis valores? ¿Qué necesito aprender en esa situación?
Cuando sobreviene la prueba, uno reacciona a menudo con ira o desesperación, rechazando legítimamente lo que le parece injusto. Pero la ira vuelve sordo, y la desesperación, ciego. Dejamos pasar la ocasión que nos ha ofrecido para madurar. Entonces, los duros golpes y los fracasos se multiplican.
No es la suerte que se ceba con nosotros, sino la vida, que intenta repetir su mensaje."
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